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Antonio Cabezón y Burgos PDF Imprimir E-Mail

 

Como fue realmente la ligazón de Cabezón con Burgos? Algunas palabras pue¬den servir para subrayar aquí este aspecto, porque si bien “Antonio el ciego” dejaría bien joven (a los dieciséis años) su tierra natal para ingresar en Toledo en la Capilla musical de la Emperatriz Isabel, mujer de Carlos V, mantendría por toda su vida, en profundidad, la conciencia de su pertenencia y origen castellano, cam¬pesina y burgalés.

Existe la suposición fundada de que Cabezón, de niño, hubiera vivido en Burgos, iniciando aquí en su niñez aquellos anos de aprendizaje y tutela bajo la protecci6n de un gran personaje de la familia: su tío don Esteban Martínez de Cabezón, Canónigo de la Catedral de Burgos y posteriormente Administrador Apostólico de Palencia y Legado Inquisitorial en Badajoz.
Ante la imposibilidad de encontrar posibles pruebas escritas sobre los primeros pasos de nuestro músico ciego, debemos admitir que, dada su probada relación con Palencia, en la época pre-obispal de su tío en esta ciudad 10 lógico es que estas estancias con su pariente y protector anduvieran también estrechamente vincula¬das con Burgos, donde Kastner y otros musicólogos le suponen acudiendo alas enseñanzas de Gonzalo Martínez de Bizcargui y compañero de otro famoso ciego coetáneo burgalés: Francisco de Salinas. Las doctrinas y libros de Bizcargui fue¬ron muy conocidos en su época y es uno de aquellos músicos hispánicos que rompían la lanza por la dimensión práctica de la música junto con el acatamiento y respeto por la teoría y ciencia de nuestro arte. Creo haber citado ya aquella frase del Maestro Bizcargui en su «Arte de canto llano e contrapunto e canto de órgano»:

“Vengan a esta noble ciudad de Burgos donde residimos e oyrnos han conforme a La que tenemos escripto: par aqui hallarán teóricos y prácticos hombres de mucha experiencia y de suficiencia assi en canto como en La cuerda y en todos Los otros instrumentos en general”.


(Fue efectivamente dentro de este círculo de Bizcargui donde surgió a sus prime¬ros aires músicos de altura el futuro Antonio de Cabezón? Pensamos que sí. La obra citada fue muy difundida y hacia 1520 había conocido ya varias ediciones también fuera de España. La primera de ellas, aparecida en Burgos en 1511, estaba dedicada a otro gran personaje: al Obispo dominico Fray Pascual de Ampudia (1442-1512). Fue este un preclaro renovador de la espiritualidad burgalesa que dirigió desde 1496 cuando fue nombrado Obispo. «Un reformador pretridentino» se le llama en el interesantísimo estudio sobre él realizado recientemente por otro relevante clérigo búrlales: el Padre Joaquín Luis Ortega. Pues bien, el Obispo Ampudia estaba también estrechamente ligado al Canónigo Cabezón, pues este fue albacea «cabecalero») de Fray Pascual y encargado de hacer entrega a la muerte de este (ocurrida en Roma, donde «peregrina» al Concilio Lateranense V) al Cabildo de Burgos de los legados (sencillos y ejemplares) del fallecido Obispo: el báculo y diversos ornamentos religiosos hoy custodiados en el Tesoro de la Catedral.

Esta proximidad de Don Esteban Cabezón al Obispo habla muy positivamente sobre su categoría espiritual y humana. Y fue en ese círculo donde con toda segu¬ridad vendría de niño, a sus siete u ocho anos, Antonio de Cabezón.

La estrechez de vínculos entre Burgos y Palencia, donde también vivió Cabezón, era extraordinaria. En sus valiosos estudios y conclusiones sobre la primera época cabezoniana, Santiago Kastner señala como el Obispo palentino Ruiz de la Mota era búrlales, así como el organista Garcia de Baeza (al que Ie tocara hacer de maestro de Antonio en Palencia), a quien Kastner también asigna un muy proba¬ble parentesco con Alonso de Baeza, igualmente búrlales y Contador del Empe¬rador. Por su parte, el Obispo Ampudia era oriundo de la provincia de Palencia. De esta forma Castrojeriz y Castrillo, equidistantes de ambas capitales, veían co¬mo entre ambas se formaba el genio de su hijo mas preclaro, en aquel intercambio de cultura y personalidad que eran aquellas ciudades castellanas en el 1500 entre sí y, a su vez, con el exterior.

Sobre lo arraigado en el de las costumbres campesinas de origen bastan los docu¬mentos en que por encima del protocolo notarial deja oír su propio idioma y forma de hablar: el testamento, las cuentas con su hermano Juan y, sobre todo, el documento de arriendo de tierras a su hermano Diego, que reproducimos en el disco 11 (“Castrojeriz”), a cuyas notas también remitimos aquí, corroborando en ellas la relación estrecha de Cabezón con una clara mentalidad campesina y burgalesa.

Se ha hablado aquí con frecuencia de la religiosidad profunda de Cabezón y entorno familiar. Pues bien, algunos matices aislados de esa devota actividad acu¬san también la influencia de sus anos burgaleses: me refiero al culto y popularidad de las famosas Once mil Vírgenes. No solo por su número apabullante, sino por las campanas que a su beneficio se hicieron en Burgos por aquellos anos, se debie¬ron impresionar profundamente gran parte de los espíritus religiosos de aquel momento. Y no solo es una devoci6n personal: todavía hoy en la celda de la Madre Luisa de Carrion, nieta de Antonio, en su convento de Carrion de los Condes, puede observarse un enorme lienzo con cortinilla con las Once mil Mártires ... Y todos los cabezonianos sabemos bien como todo ello es profundamente cercano al músico ciego cuando recordamos la reliquia de Santa Laura en la iglesia de Castrillo de Matajudíos, con el cráneo de aquella Santa compañera de Santa Ursula que el Príncipe Federico, el Elector Palatino, diera personalmente a Antonio en Heidelberg en presencia del Príncipe Felipe (futuro Felipe II) y sequito en 1549. Es el mejor documento que acredita la burgalesía de Antonio y que damos a continuaci6n íntegramente. La esplendida traducci6n de Francisco Vizoso realza la belleza de este, para nosotros, importante documento.


«(Cristóbal) Madrucio, presbítero cardenal, por la misericordia divina, del titulo de San Cesáreo «In Palatio», a todos y cada uno de aquellos quienes nuestras presentes letras llegaren salud y sin cera caridad en el Señor.

Nosotros, todos y cada uno de los cristianos, debemos venerar en la tierra con piadoso amor las reliquias de los santos cuyas almas no dudamos que reinan con Cristo en el cielo, a fin de que, honrando a los amigos de Dios, también por ello, su patrocinio nos proteja a nosotros, y merezcamos obtener ante Dios por mediación suya 10 que por nuestros meritos propios no podemos. Así pues, como nuestro amado en Cristo Antonio de Cabezón, laico de la diócesis de Burgos, movido por el celo de singular devoción hacia Santa Ursula y las once mil Vírgenes, sus compañeras, todas juntas coronadas un día con el martirio por el nombre de Cristo en Colonia Agripinense, pidiese reiteradamente a los Ilustrísimos Señores Federico, Conde Palatino del Rhin, Príncipe Elector del Sacro Romano Imperio, Duque de las Bavie¬ras, Superior e Inferior, y a Dorotea, hija de Cristian, Rey de los Daneses, su palatina esposa, que se dignasen concederle la cabeza de Santa Laura, una de las once mil vírgenes, colocada en el relicario de los antedichos Ilustrísimos Señores junto con otras muchas reli¬quias de Santos, para que pudiera un día llevarla consigo con todos los honores a su patria, en España.

Los Ilustrísimos príncipes nombrados, movidos por los devotos ruegos y suplicas de Antonio, nos pidieron y rogaron que quisiéramos sacar del predicho relicario la dicha cabeza de Santa Laura virgen, y entregarla graciosamente, darla y concederla al citado Antonio. Lo que ejecutamos con la debida devoción entrando en el relicario existente en el castillo de la población de Heidelberg del palatinado del Rhin, y tomando de allí la cabeza de Santa Laura la entregamos graciosamente a nuestro amado en Cristo Martín Nieto, sacerdote de la diócesis de Salamanca, capellán del invictísimo señor Carlos V, Emperador de los Roma¬nos, siempre augusto, el día 13 del mes de Marzo recientemente pasado, quien luego deberá entregarla efectivamente al propio peticionario Antonio; estaban presentes nuestros amados en Cristo Garcia López de Alvarado, clérigo salmantino, protonotario apostólico, y jorge de Georgiis, presbítero de nuestra diócesis tridentina, nuestro capelán, y el predicho Martín y otros muchos barones y nobles, quienes vieron como esto se hacia.

Y deseando que el lugar donde la cabeza de Santa Laura será colocada a su tiempo sea venerado como conviene, y que a dicho lugar acudan los fieles cristianos por causa de devoción tanto mas gustosos cuanto mas abundantemente se vieren alli confortados con el don de la gracia celestial, Nos, Cristóbal, el predicho cardenal llamado Tridentino, confiando gran¬demente en la misericordia de Dios Todopoderoso y de los bienaventurados Pedro y Pablo, sus apóstoles, dispensamos misericordiosamente en el Señor a todos y cada uno de los fieles cristianos que, verdaderamente arrepentidos y confesados, visitaren anualmente dicho lugar con devoción en las festividades de la Natividad de Nuestro Señor Jesucnsto, de la Asunción de la bienaventurada Virgen Maria, de las once mil vírgenes y de todos los Santos, y del Viernes Santo, des de las primeras vísperas hasta las segundas inclusive, cada día que tal hicieren, den días de las penitencias a ellos impuestas, valiendo esta concesión para siempre jamás.

Y en fe y testimonio de todas y cada una de las cosas antedichas, mandamos extender estas letras y suscribirlas por nuestro secretario, y corroborarlas con nuestro sello pendiente. Dada en La ciudad de Bruselas, de La di6cesis de Cambrai, el día 16 de abril del ano dlL Señor mil quinientos cuarenta y nueve, año décimo quinto deL pontificado deL santísimo padre en Cristo y señor nuestro por La Divina Providencia Papa Pablo III.»

EI Cardenal Madruzzio, Obispo de Trento, fue un personaje muy próximo al Emperador. Esta bula suya esta en el archivo de Castrillo acompañada de otra posterior (de 1552) del Cardenal Poggio que reproducimos en el disco 11 «<Cas¬trojeriz «). Remitimos a dicho disco donde ampliamos la profunda y sustancial ligazón de Cabezón con su tierra de origen. Los datos disponibles no dejan de ello ninguna duda.

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